Por qué aguantamos que nuestras parejas nos traten mal

Es bastante frecuente escuchar a personas que, hablando de sus parejas, hacen comentarios del tipo “no sé por qué estoy con el/ella”, “aunque no me aporta nada no consigo desengancharme”, “sé que me trata mal pero no soy capaz de dejarle”, “casi siempre estamos mal, pero el día que estamos bien es maravilloso”, etc. Vamos a explicar el motivo por el que nos “enganchamos” a este tipo de relaciones y aguantamos en una situación que nos perjudica más de lo que nos beneficia pues, en contra de la sabiduría popular, las personas que caen en este tipo de relación ni son tontas ni les gusta sufrir.

aguantamos que nuestras parejas nos traten malExisten varios mecanismos por los cuales no somos capaces de salir de este tipo de situación; vamos a explicarlos uno a uno:

Cuando alguien nos trata bien y nos aporta cosas buenas obtenemos un refuerzo, es decir, un incentivo para seguir en esa relación. Cuando alguien nos trata mal o nos aporta cosas malas obtenemos un castigo, es decir, un incentivo para abandonar la relación. Si hacemos un balance y los castigos son mayores que los refuerzos, lo lógico sería abandonar la relación… pero no es tan simple. Las personas no hacemos un cálculo tan racional de los costes y los beneficios.

En contra de lo que lógicamente puede parecer, cuando recibimos muchos “castigos” de forma habitual y sólo algún “refuerzo” de forma ocasional se crea una fuerte dependencia de esos “refuerzos”. Tras un pequeño tiempo en esa situación aprendemos que, tras unos cuantos castigos, aparecerá siempre un refuerzo, aunque no sepamos cuando. La fuerza de esos refuerzos se ve amplificada por la cantidad de castigos que le preceden y por la larga espera y, por tanto, “compensan” el dolor y el sufrimiento experimentado antes. La espera y la búsqueda de ese refuerzo se vuelven una constante en la vida de esa persona, y el recuerdo de la sensación experimentada durante los últimos refuerzos da aliento, esperanza y deseo hasta que llega el siguiente; el refuerzo se ha vuelto tan fuerte que compensa el sufrimiento de los anteriores castigos. Lamentablemente, lo de “una de cal y otra de arena” puede funcionar para mantener a una persona enganchada a una relación.

aguantamos que nuestras parejas nos traten malPor otro lado, llega un momento en que el dolor causado por la sucesión de castigos no lo alivia cualquier cosa: sólo lo alivia la misma persona que lo ha causado. Este proceso es bastante parecido al de la adicción a las droga: la droga nos aporta unos beneficios a corto plazo muy rápidos, aunque a la larga nos perjudique. Además, cuando intentamos dejarla, el síndrome de abstinencia nos causa un malestar y un dolor que sólo puede aliviar la propia droga que lo ha causado.

Cuanto más se mantiene una persona en una situación como esta, más difícil es salir: si hemos invertido mucho en un objetivo o en una tarea, nos cuesta más abandonarla o decidir que ya no merece la pena seguir dedicándole más tiempo y energía. Con las relaciones ocurre lo mismo: si hemos dedicado mucho tiempo, energía, esfuerzo y sufrimiento a una pareja nos costará asumir que toda esa inversión no ha dado el fruto que esperábamos, por lo que es probable que decidamos seguir “intentándolo” para no “echar por tierra todo el esfuerzo”.

Además, a todo esto hay que sumar el miedo a estar solo/a: el temor a la soledad, la dependencia de otros para ser feliz, la incapacidad de satisfacerse a uno mismo, el miedo a no encontrar una nueva pareja, etc., contribuyen a que “aguantemos” en una situación que creemos mejor a la que nos espera si finalizamos la relación

He simplificado mucho toda esta cuestión, pero creo que es una buena aproximación para entender por qué aguantamos lo inaguantable en algunas ocasiones. Ser consciente de estos motivos es sólo el  primer paso para ponernos en disposición de actuar y cambiar la situación. En consulta tratamos de forma habitual con personas en estas circunstancias y les ayudamos a tomar la decisión más adecuada para ellas y a llevarla a cabo. Si estás interesada/o, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

Ana Lombardía.

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