Hace unos meses vino a mi consulta una chica muy joven, de ventipocos años, que no sabía masturbarse. Sí había sentido orgasmos usando un vibrador o una almohada, pero no sabía usar sus manos para darse placer. Esto le provocaba mucha frustración e inseguridad. En estos meses ha hecho un trabajo increíble y, semana a semana, ¡su progreso ha sido espectacular! Las primeras veces que hablamos sentía que iba a ser imposible, que no iba a ser capaz de lograrlo.

Le he pedido que os cuente cómo ha sido su progreso conmigo estos meses, pues creo que es un gran ejemplo de lo que se puede conseguir con constancia y muchas ganas. Aunque ella os lo cuenta con mucha humildad, no sólo ha aprendido a masturbarse, sino que ha superado sus propias expectativas y ha conseguido tener hasta 8 orgasmos en una sola sesión de masturbación. ¡Enhorabuena!

he aprendido a masturbarme

He aprendido a masturbarme

Cuando me atreví a pedir una cita para Ana me sentía diferente. No sabía masturbarme usando mis dedos. Sí sabía lo que era un orgasmo, pero no cómo llegar a él de la manera aparentemente más simple.  Y me hacía sentir mal, incompleta, torpe. No sabía por dónde empezar y cuando me animaba a empezar mi problema era que no sabía seguir, me frustraba. No tenía paciencia. Por eso cuando fui a la consulta de Ana tenía muchas esperanzas de que ella me ayudase pero a la vez seguía confiada en que si no podía hacerlo era porque era rara, porque algo en mí no funcionaba bien. MENTIRA.

Y esta es mi historia sobre cómo he aprendido a masturbarme. No me considero ninguna experta y pienso que aún tengo mucho camino que recorrer. Empecé observando mis genitales, mi vulva, con un espejo, toqueteando todo lo que veía. Los siguientes deberes fueron empezar a tocarme de forma más personal y menos objetiva. Aquí empezaba mi caminito de trabajo personal.

Para masturbarme era muy importante la excitación y sin ella lo único que podía hacer era frustrarme más. Por supuesto la excitación no estaba presente todos los días  y me afectaba, me agobiaba y me ponía triste porque sentía que masturbarme era algo que tenía que hacer para mi aprendizaje y me faltaba una herramienta importante.

Casualmente, mi primer orgasmo fruto de la masturbación no fue porque estuviese muy excitada pero sí estaba muy tranquila, a solas, dándome mi tiempo y mi momento. Ese orgasmo me hizo llorar de felicidad, pero también me hizo reír, me temblaban las manos y las piernas de la euforia porque había conseguido aquello que para mí parecía imposible. No quería rendirme. Tuve que aprender a controlar la respiración y sobre todo a no desanimarme cuando cambiando el ritmo o el movimiento de los dedos sobre el clítoris las sensaciones disminuían. Entonces, tocaba respirar profundo y volverlo a intentar. Tuve que saber dejarme llevar, algo que personalmente odiaba que me dijeran porque para mí no era fácil, no es algo que puedas ordenar a tu mente y ella lo ejecute, se trata de descontrol y hay que sentirlo.

Es importante confiar en una misma, estar tranquila, relajada, concentrada en lo que haces, no tener prisa y no esperar que aquello que buscas ocurra a la primera y sin práctica. Tienes que confiar en que puedes y sabes hacerlo aunque cambies de técnica o de lugar y estés en un coche. Con suficiente excitación resulta muy fácil, no tienes que pensar en qué haces o no y todo funciona te muevas como te muevas. No tienes que pensar porque tu deseo te guía. Y cuando consigues ese orgasmo con tanta facilidad porque estabas súper cachonda, te llenas de una seguridad capaz de callar a todas tus inseguridades y me encanta esa sensación.

Por supuesto, tuve dudas de si volvería a tener otro orgasmo cuando me volviese a masturbar otro día cualquiera. Tampoco me salió a la primera, pero al final pasó una segunda, una tercera, una cuarta…

 

Espero que su experiencia os anime a muchas a intentarlo. Como veis ¡es algo que se puede conseguir! Además, aunque a veces el proceso pueda resultar frustrante en algunos momentos, como muy bien os cuenta ella, el resto del tiempo es algo divertido y los resultados merecen mucho, mucho la pena.

Ana Lombardía.