Ligar mucho no aumenta la autoestima

Ligar mucho no aumenta la autoestima

Todos los días veo en la consulta tanto a hombres como a mujeres que utilizan el ligue y la seducción para venirse un poquito arriba. Y es que, ¿A quién no le gusta gustar? A quien no le gusta de vez en cuando que le echen una miradita, le digan lo guapo o guapa que está hoy, ligar un poco, sentir que es atractivo/a para los demás o sentirnos deseados. Es completamente normal que nos guste y que de vez en cuando te de un chute de energía.  En muchos casos forma parte del salir de fiesta, del salir de noche, ligo, quedo con alguien, quizás incluso acabo acostándome con esa persona… Y muchas veces al día siguiente hay una sensación horrible de vacío. ¿Y esto a que es debido? Primero de todo debes saber que ligar mucho no aumenta la autoestima.

Mientras estás ligando y flirteando con otra persona, probablemente la sensación de subidón sea muy grande, porque al final resulta muy divertido ser capaz de ligar, de seducir y de sentir que le gustas a alguien. Sentirnos deseados y deseados es maravilloso y quizás hay una parte de la autoestima que sí que la mejora, pero principalmente, ligar no aumenta la autoestima. Sobre todo, sobre todo, sobre todo lo que hace es alimentarnos el ego. Que son cosas que se le parecen, pero que no son lo mismo. 

Autoestima y ego no son lo mismo

  • El ego está influenciado por las percepciones externas y la comparación social. Un ego inflado puede manifestarse en comportamientos como la arrogancia, la necesidad de validación externa y la búsqueda de reconocimiento y poder.
  • Por otro lado, la autoestima se refiere al valor que una persona se atribuye a sí misma. Es la percepción subjetiva de valía personal, independiente de la aprobación externa. Una autoestima alta se caracteriza por una sensación de confianza en uno mismo, autoaceptación y respeto por uno mismo. Mientras que una baja autoestima puede manifestarse en dudas sobre el propio valor y un autoconcepto negativo.

En resumen, mientras que la autoestima se relaciona con la percepción interna de valía personal y autoaceptación, el ego se centra más en la imagen externa que tienen los demás de nosotros mismos y sobre todo en la comparación social.

¡Que no se convierta en una obsesión!

Es normal que a todos nos guste gustar de vez en cuando, pero nunca debería convertirse en una necesidad o una obsesión el intentar agradar o ligar con el resto para sentirnos mejor nosotros mismos. Aunque parezca que a corto plazo puede funcionar, realmente no es así, ligar mucho no nos va a hacer sentirnos mejor, todo lo contrario. 

Ese alimentarnos el ego puede dejar luego una sensación de vacío muy característica. La sensación positiva mientras estamos ligando a menudo se disipa rápidamente cuando termina la interacción y deja un vacío emocional y una sensación de insatisfacción enorme. Además, tener dependencia con los demás puede generar ansiedad, inseguridad y un constante estado de insatisfacción, ya que nuestra valía personal quedará condicionada por la opinión de los demás o por nuestra capacidad de gustarles. 

Por eso es importante que tengamos cuidado de no caer en el ligue o en la seducción de una forma casi compulsiva, ya que, muchas veces buscamos el reconocimiento, la atención y el cariño en el lugar en el que no es.

¿Por qué me comporto así?

Si crees que estás en una situación donde tienes la necesidad constante de gustar a los demás o que estás en una búsqueda compulsiva de ligues y encuentros sexuales, no te preocupes. No hay nada que no tenga solución. Debes tener en cuenta que a menudo, estas conductas se relacionan por una necesidad de validación externa, atención o afecto. Debes saber que buscar estas cosas en el ámbito del ligue puede llevar a una decepción inevitable, ya que el reconocimiento real y la satisfacción emocional provienen de las relaciones significativas, no de las interacciones superficiales. 

En su lugar, sería ideal desarrollar una autoestima auténtica y sólida que se centre en nuestra propia aceptación y el amor propio. De esta manera nos volvemos menos dependientes de la aprobación externa y más capaces de encontrar la plenitud dentro de nosotros mismos. Por supuesto, llegar hasta ese punto supone tiempo y esfuerzo, pero en consulta podemos ayudarte a cumplir tus objetivo y que el camino sea más ameno. 

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“Con el condón no siento nada”

“Con el condón no siento nada”

 “Me aprieta”, “me molesta”, “con el condón no siento nada”… Son frases que estoy segura de que habremos escuchado más de una vez. Muchos hombres se niegan a usar preservativo e intentan evitar el momento de tener que ponérselo. ¿Pero por qué? ¿Creéis que el tema de la comodidad o de la sensibilidad y el placer es la única razón para intentar evitarlo? Pues algunas veces lo será, pero muchas otras no. ¡Os lo cuento!

Lo primero es asegurarnos de que estamos usando la talla de preservativo correcta ¡sí, los preservativos tienen talla! y la puedes encontrar indicada en la cajita de los mismos, en milímetros de diámetro. Puedes probar a escoger unos que sean un poco más anchos (hay marcas que tienen hasta 10 tallas distintas) y ver sí así desaparece la incomodidad. Si eso no te ayuda, sigue leyendo.

Para muchos hombres, el temor a perder la erección es uno de los mayores miedos en la intimidad. ¿Y qué tiene esto que ver con los condones? Los preservativos, en particular, pueden representar una fuente de ansiedad, generando nerviosismo anticipado al momento de colocarlos. Este nerviosismo puede hacer que las erecciones sean más débiles o incluso acabar perdiéndolas. Si esto sucede, es muy fácil que asociemos el uso del preservativo con la pérdida de la erección, aunque el motivo de la pérdida de la erección no sea el uso del preservativo en sí, sino los nervios que nos generan después de haber asociado ya una cosa con la otra: el uso del preservativo con la pérdida de erección. Esto se acaba convirtiendo en el pez que se muerde la cola.

Como vemos, el foco del conflicto se encuentra en los nervios, no en el uso del preservativo, pero es muy fácil confundirlo. A largo plazo, incluso, si el problema persiste puede derivar en problemas de erección.

¿Es cierto que con el condón no se siente nada?

No vamos a intentar convencer a nadie de que con el preservativo se siente exactamente igual ¡La sensación es distinta! Al fin y al cabo no deja de ser una barrera de látex, que aunque está diseñada para apenas perder sensibilidad, es normal que la sensación pueda ser distinta. Pero desde luego, claro que se siente placer y no tiene por qué ser peor ni impedirnos disfrutar de un maravilloso encuentro sexual. Como ya hemos comentado, la mayoría de estos comentarios esconden un temor por perder la erección, antes que un temor por sentir menos. 

En la consulta

Es fundamental abordar el temor al condón en consulta, ya que este aspecto puede tener un impacto significativo en la vida sexual, tanto de los hombres que lo sufren, tanto como de sus parejas. Esta ansiedad relacionada con la pérdida de la erección puede limitar la capacidad para disfrutar de encuentros íntimos. 

Es por eso que en la consulta, ofrecemos herramientas para gestionar estos momentos de ansiedad y aprender a utilizar el preservativo de manera cómoda y segura. Es importante comprender que el uso del condón no debería interferir con la capacidad de disfrutar de un encuentro sexual placentero y seguro.

Prevención de embarazos no deseados y de ITS

Aparte de la importancia de poder tener una vida sexual plena y satisfactoria, también es muy importante tener una vida sexual segura y saludable. En estos casos es inevitable hablar del uso del preservativo. Además de prevenir embarazos no deseados, el condón es una barrera efectiva contra las infecciones de transmisión sexual (ITS) y enfermedades de transmisión sexual (ETS). Su uso adecuado reduce significativamente el riesgo de contraer enfermedades como el VIH, la clamidia, la gonorrea y la sífilis, entre otras. Además, no solo protege la salud individual, sino que también contribuye a la salud pública, ya que, previene la propagación de infecciones y enfermedades entre la población. Por eso es tan importante tener una buena relación con los preservativos.

Conclusión

Cuando un hombre no quiera usar preservativo y usa frases como “con el condón no siento nada”, es muy probable que su verdadero temor sea el de perder la erección. En estos casos solemos confundir el foco del conflicto, poniéndolo en el uso del preservativo en lugar de en los nervios. Afortunadamente, esta problemática se puede tratar en consulta y volver a tener una vida sexual plena y saludable.

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Tener más ganas de sexo no es mejor que tener menos

Tener más ganas de sexo no es mejor que tener menos

Es muy común caer en esa creencia errónea de que tener más ganas de sexo es mejor que tener menos. De hecho, normalmente creemos que la persona que tiene más deseo es la que tiene el comportamiento “correcto” y socialmente aceptado, mientras que la persona que tiene menos deseo es quien tiene el “problema”. Hoy vengo a deciros que esto no es así. En ningún caso, tener más ganas de sexo es mejor que tener menos. Ni tampoco es mejor tener menos que más, por supuesto. Lo ideal es que nos sintamos cómodos y cómodas con nuestro deseo, independientemente de si es “mucho” o “poco”, socialmente hablando.  

A menudo, en las consultas de pareja, surge el conflicto: uno de los dos tiene más ganas, y la presión social nos insta a “arreglar” la situación haciendo que el otro aumente su deseo. Pero, ¿Realmente es esto lo que necesitamos? ¿Dónde está escrito que sea mejor tener más ganas que menos? Para que parezca que siempre lo que tenemos que conseguir es que el que tiene menos ganas, las incremente. ¡En ningún lugar está escrito! La clave no está en equiparar los niveles de deseo, sino en comprender y abordar el conflicto que surge de esas diferencias.

¿Y si fuera al revés?

¿Alguna vez habéis escuchado a alguien plantearse la absurda idea de intentar hacerlo al revés? ¿Qué la solución fuera intentar disminuir las ganas de él que tiene más? ¿Verdad que no? Tampoco sería lógico. Es evidente que no tenemos porque intentar reprimir ni nuestro deseo, ni el de nadie. ¿Pero por qué al revés no es tan evidente? De la misma forma, tampoco es lógico intentar incrementar el deseo de alguien que se siente agusto con el nivel que ya tiene. 

Entonces… ¿Es malo si quiero aumentar mi nivel de deseo?

¡Por supuesto que no! Con esto no quiero decir que siempre sea un error intentar tener más deseo sexual, por supuesto que no. Hay ocasiones en las que, por cualquier motivo o circunstancia nuestro deseo se puede ver afectado y que por consiguiente, disminuya. Y por supuesto sería totalmente legítimo intentar que nuestro deseo vuelva a ser el de siempre. O que siempre haya sido bajo, pero que eso no nos haga sentir cómodos o cómodas, y por lo tanto, que queramos aumentarlo. Siempre que lo hagamos por nosotros mismos, no tiene por qué suponer un problema.

El problema está, en que la mayoría de personas que vienen a consulta no quieren aumentar su deseo sexual por ellas mismas, sino que lo quieren hacer por complacer a sus parejas, pero ellas realmente sí se sienten a gusto con su deseo sexual.

Entonces, ¿Qué deberíamos intentar/hacer?

El deseo sexual de cada persona es muy individual y muy particular. Y no pasa nada por tener más ganas o menos. De hecho, si nos paramos a pensar, en todas las parejas hay uno que tiene más ganas que el otro porque somos dos personas distintas y, por tanto, vamos a tener un deseo sexual diferente. Así que el problema no está en tener más o menos ganas. El problema está cuando esa diferencia genera un conflicto dentro de la relación. Lo que tenemos que trabajar en realidad es ese conflicto. ¿Por qué se está generando? No intentar que haya uno que tenga más ganas para complacer al otro. Eso nunca debería ser así.

Conclusión

Nadie debería de intentar modificar el deseo de nadie por el simple hecho de complacer a su pareja, ya sea hacia un lado o hacia el otro. Intentar modificar mi deseo sexual no debería ser un objetivo si el motivo no soy yo misma y mi propio bienestar. Al fin y al cabo el deseo sexual es individual y no hay un manual universal que dicte cuánto deberíamos desear. Cada individuo es único en su sexualidad y en su nivel de deseo, y no hay un estándar que todos debamos seguir. Así que no, tener más ganas de sexo no es mejor que tener menos, ni viceversa.

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Dejar una relación de pareja por diferencia de deseo sexual

Dejar una relación de pareja por diferencia de deseo sexual

En el complejo mundo de las relaciones de pareja, la compatibilidad sexual desempeña un papel crucial para la mayoría de personas. Muchas veces la diferencia de deseo genera problemas en las relaciones, ya que, como personas distintas que somos, no es tan fácil que todos los miembros de la relación tengan el mismo nivel de deseo sexual. En estos casos, ¿Crees que sería legítimo dejar una relación de pareja por diferencia de deseo sexual?

¿Hay motivos más legítimos que otros?

Estamos todos de acuerdo en que factores como el respeto, la confianza, la afinidad emocional, la armonía en la vida cotidiana, el estilo de vida o los planes de futuro son aspectos cruciales en una relación. Pongamos que alguno de estos factores fuera muy importante para nosotros y  fallara en la relación. Lo más seguro es que nos plantearamos dejarla y que nos pareciera una decisión totalmente legítima. Y es así, pero si en lugar de algunos de esos aspectos, para nosotros fuera muy importante la compatibilidad sexual y es algo que no tenemos en nuestra relación. ¿Tendrías tan claro que sería un motivo legítimo como para dejar la relación? Si es que sí, realmente te felicito, y si es que no.. ¡Déjame darte mi opinión!

Así como es completamente legítimo poner fin a una relación debido a divergencias en planes de futuro, también lo es hacerlo por falta de compatibilidad sexual: Porque uno de los dos tenga más ganas que el otro, o por ejemplo, porque nuestros gustos en la cama sean muy distintos y no nos pongamos de acuerdo en este aspecto. Cuando las necesidades y deseos sexuales difieren de manera significativa, es evidente que la relación puede verse afectada, generando frustraciones y tensiones innecesarias. 

¿Qué podemos hacer?

Puede parecer un consejo muy básico y sencillo, pero en estos casos, la honestidad y la madurez al reconocer estas diferencias pueden ser un acto de autenticidad y respeto hacia uno mismo y hacia la pareja. Reconoce estas diferencias y habla sobre ellas con tu pareja, esto os permitirá a ambas partes buscar caminos más afines a vuestras necesidades individuales. Por supuesto, esto nunca es fácil, así que si no sabéis cómo gestionar la situación, lo mejor será acudir a un/a profesional. La terapia de pareja os puede ayudar muchísimo a entenderos el uno al otro y llevar la situación de una forma más acertada para que la diferencia de deseo no suponga un conflicto. Si aún así el problema persiste, por supuesto, dejar la relación siempre puede ser una opción.

¿Qué no es legítimo en estos casos?

Lo que por supuesto no es en ningún caso legítimo es que intentemos convencer a nuestra pareja de que tenga relaciones sexuales sin ganas o que haga cosas que realmente no le apetecen hacer. A veces la línea entre convencer y seducir puede ser muy fina, así que, por favor recordemos la diferencia entre una y otra, que se pueden parecer, pero no es lo mismo.

  • Seducir implica crear un ambiente de deseo y atracción mutua, donde ambas partes se sienten cómodas y participan activamente en la experiencia. La seducción se basa en el deseo compartido. Aquí consigo que a mi pareja le apetezca algo que antes no le apetecía y que, por tanto, tengamos relaciones sexuales con ganas, los dos.
  • Convencer tiene una connotación más problemática, ya que implica persuadir o presionar a la otra persona, incluso si sabemos que no está completamente dispuesta a ello. En estos casos, puede haber una falta de deseo claro. Aquí consigo que mi pareja haga algo que no le apetece, sin ganas. No he seducido a mi pareja, sino que la he “convencido” generándole emociones como el miedo a perder la relación, la culpa, el temor a que le sean infiel…

Conclusión

Cualquier motivo importante para nosotros que afecte a nuestro bienestar, es una razón de peso para dejar una relación de cualquier tipo, tanto de pareja, como familiar o de amistad. La comunicación abierta, la empatia, el consentimiento informado y el consenso, son pilares fundamentales en una relación de pareja.

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¿Qué sucedería si las mujeres dejaran de gemir en la cama? 

¿Qué sucedería si las mujeres dejaran de gemir en la cama? 

¿Te has preguntado alguna vez qué sucedería si las mujeres dejaran de gemir en la cama? Muchas personas asocian los gemidos femeninos con la expresión de placer y diversión en el encuentro sexual. A menudo, el gemido se considera una forma de animar la intimidad y comunicar que se está disfrutando del momento. Si todo son cosas buenas, ¿Por qué normalmente solo lo hacemos las mujeres y qué sucedería si dejáramos de hacerlo?

¿Por qué gemimos en la cama?

Los gemidos en la cama son una expresión natural que se utilizan para comunicar disfrute y animar la experiencia sexual. Es una forma de mostrar entusiasmo, placer y complicidad con la pareja. En resumen, normalmente gemimos para que la otra persona sepa que te lo estás pasando bien en la cama y para que todo sea mucho más divertido. 

Los gemidos también los podemos utilizar como una guía sensorial, transmitiendo a la pareja información valiosa sobre lo que nos complace en ese momento específico. En lugar de instrucciones directas, los gemidos nos pueden permitir una comunicación más intuitiva y fluida durante las relaciones sexuales. Esto también puede ayudar a crear una conexión más profunda con la persona, uniendo las respuestas del cuerpo y las emociones.

¿Qué sucedería si las mujeres dejamos de hacerlo?

¿Os habéis parado a pensar alguna vez qué pasaría si nosotras dejásemos de gemir en la cama? Muy sencillo, seguramente los encuentros sexuales serían un aburrimiento. Los gemidos no solo son una respuesta al placer, sino que también sirven como estímulo para la pareja, creando un ambiente más animado y participativo. Sin ellos, los encuentros sexuales serían mucho más monótonos y aburridos y por norma, suele recaer el peso de gemir y animar el encuentro sobre la mujer.

¿Pero por qué sucede esto? Como con todo, no podemos generalizar, pero es cierto que normalmente a los hombres les cuesta mucho más expresarse en cualquier ámbito, incluyendo el sexual. Al fin y al cabo, los gemidos no dejan de ser una forma de expresión y comunicación en la cama. Como ya hemos comentado, nos pueden dar mucha información sobre el disfrute de la otra persona y sobre lo que le gusta y lo que no.

Me gustaría que los gemidos no fueran una cuestión de género, que dejaran de relacionarse sólo con las mujeres y sobre todo animar a los hombres a gemir también en la cama. A nosotras también nos gusta oíros gemir, sentir cómo os lo estáis pasando bien y que vosotros también podáis animar el encuentro sexual.

Conclusión

En conclusión, los gemidos en la cama no solo son una expresión natural de placer, sino también una forma de enriquecer la conexión íntima entre parejas. Imaginar un encuentro sexual sin gemidos nos lleva a reconocer la importancia de la comunicación no verbal en el ámbito sexual. Por eso animamos a las personas de todos los géneros y sexos a gemir y expresarse libremente durante las relaciones sexuales, especialmente a los hombres.

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